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jueves, 30 de noviembre de 2017

Púrpura

Hay recuerdos que tienen un lugar especial en la memoria. Es posible volver a vivirlos al percibir el estímulo necesario, sea este un aroma, una melodía, una imagen. Pero el recuerdo no se limita solamente a ser la estimulación de los sentidos y la rememoración de ciertas circunstancias. En ellos hay, además, una percepción distinta del tiempo y sinfín de sentimientos y emociones. Son sueños que vienen en la vigilia, son deseos de volver a cierto lugar en un particular punto del tiempo. De lo que olvidamos muchas veces ni siquiera somos conscientes, pero hay aquello cuyo recuerdo no se irá jamás.

Tengo muy presente que mi abuela (la madre de mi padre) fue quien me inculcó gustos que perduran hasta estos días. Cuando mis hermanos y yo la visitábamos siempre nos daba café, a pesar de que éramos unos niños y realmente no lo acostumbrábamos entonces. Eso lo recuerdo a menudo, también cómo siempre nos daba un tipo muy específico de dulce con chocolate, que no fue hasta muchos años después que supe cómo se llamaban.

La verdad es que aprender lo que es la muerte siempre es algo cruel, pues recuerdo que entonces fue que aparecieron en mi cabeza ideas que hasta la fecha recurren con frecuencia. Emil Cioran describía su infancia en Transilvania como el periodo más feliz de su vida, más tarde haciendo referencia a ella como su “paraíso perdido”. Y sí, ese paraíso también lo perdí yo.

Experimentar la muerte de alguien querido es algo para lo que nadie está preparado. Puede uno hacer reflexiones sin fin sobre el tema, leer, conversar con alguien para conocer su experiencia, etcétera, y nunca tener una idea cercana de la magnitud que ello tiene. Siempre es distinto para todos. En ello está, sin embargo, una verdad universal: la muerte es inevitable. Ahí reside el punto de partida de muchas decisiones de mi vida. No en la futilidad del deseo de inmortalidad, sino en la muerte per se.  (¿Ser médico? Siempre he pensado que el origen de ese deseo esta en una especie de fantasía por querer remediar la muerte...)Y nuestra vida está llena de muertes. De desconocidos, de familiares, de amigos, de cientos, de pocos. Todas distintas. ¿La muerte nos enseña algo? ¿Qué, precisamente? Dudo que haya forma de explicarlo claramente. ¿Entonces nos volvemos sabios a través de terribles experiencias? Definitivamente no. No por la experiencia por sí misma. 

Y así como vino la primer muerte a mi vida, vinieron otras. Ninguna más fácil que otra, ninguna comprensible del todo. ¿Qué había qué comprender? Aún no lo sé, pero lo que siempre está ahí es esa sensación de desasosiego, de confusión. Si bien el duelo se supera, la herida no sana por completo. No soy una persona que tenga la costumbre de visitar el cementerio, pero es como si nunca saliera de ahí.

Mucho tiempo después de la muerte de mi abuela paterna, tenía en mis manos nuevamente uno de esos caramelos que solía darnos. Al sentir su sabor, percibí mucho más que lo que tenía en la boca.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Perdido

Perdido en los templos erigidos
a ideas de miles de años
que no se han borrado del pensar
de todos los días
más allá de estos santuarios
busco las palabras que me ilustren
que den vida a este otoño
palabras vagabundas
palabras cuyo cadaver devoraron animales salvajes
palabras que gobernaron y enfermaron
y nunca vieron prosperidad igual.

Perdido el momento de calma
de silencio con significados infinitos
infinitos nombres y épocas
seres lejanos cuyo final fue una pregunta sin respuesta
descanso de dudas nunca resueltas

Intentar frenar la tempestad
con nada más que pensamiento
despertar
enfrentar al destino, insuperable
arder eternamente

Absorto en la búsqueda
bajo oscuridad y misterios
y páginas tras página
creer estas menos perdido.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Predicar

La salvación está en todas partes, de todas formas
nadie la ve pero nos han dicho que ahí está
y la predicamos y la desechamos al encontrar
nuevamente la solución, deus ex machina
con otras palabras, otras causas para salvar,
pues todo es el fin y el inicio de la historia
que cambiará para siempre la existencia
al menos hasta encontrar otra
otra promesa de convertirnos en algo
que de otra forma nunca alcanzaremos
la copia de la copia de la copia
pero esta vez es diferente
esta vez me han prometido convertirme en santo
solo tengo que poner estas palabras en mi boca
ser portavoz de algo que realmente no me interesa
y seré lo que sueñan todos
seré importante en este mundo que he imaginado
pero mañana tendré que buscar una nueva revolución
un nuevo manifiesto, una idea sobre la cual jurar
dar la vida o al menos decir que lo haré
decir que me importa todo y todo debería importarle a todos
renunciar a mí mismo y definir quién soy
en una sola palabra.

domingo, 23 de julio de 2017

Enfermedad y muerte


Ando por calles desoladasde sinrazón y silencio
no hay comprensión aunque se busque
con ahínco obsesivono se encuentra sustancia
en quienes andan por estas calles.

Me busco y es difícil que me vean
agradezco la invisibilidad de callar
del observar sin necesidad de expresarme
hablan las personas y las cosas que observo
pero ellas no saben nada de mí.

La enfermedad y la muerte siempre ahí
en lo que dicen, en lo que desean,
en sus vidas siempre presentes
pues en cada ser humano las encuentran
sin importar qué tan grave o qué tan próxima
la enfermedad y la muerte siempre están.

La identidad se adquiere como una patología
y ese mal se vuelve la identidad
no es nadie quien no padece
no hay un punto identificable en el tiempo
si no murió nadie.
En los años posteriores el diagnóstico
o la defunción son un nacimiento
de un ser o de una era.

Morir es entonces una función importante
para los que siguen viviendo.
El tiempo se vuelve otro, se siente distinto
si se le busca, pues muchos viven ajenos a él,
a pesar de que está en todo
y nada puede haber sin su influencia.

Enfermar es entonces importante
para el que enferma.
Nunca la vida está tan presente en uno
así como la conciencia de ser
nunca uno necesita tanto de un nombre
para ese mal que es el haber nacido.

Porque aún en el silencio absoluto y en la soledad
transcurren inevitables las cosas
y nos seguimos preguntando quiénes somos.