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domingo, 18 de diciembre de 2011

Whisky con olvido

Me habré quedado dormido. En la barra hay 8 botellas de cerveza vacías, una botella de whisky a la mitad y en el suelo un vaso roto. No pasan de las 2 AM, lo sé porque sigo aquí sentado y lo que me despertó no han sido los golpes con el palo de la escoba del flacucho hombre de mal carácter que sirve los tragos, Josué, recuerdo que alguna vez escuché que se llama así. Ha llegado Don Juan con su compañero, del cual ignoro el nombre. Don Juan canta y toca la guitarra, su compañero el tololoche. Había muerto hace unos meses el otro muchacho, el que tocaba el acordeón, algunos decían que era hijo de Don Juan. Yo no tenía ni la más mínima idea sobre eso, ni siquiera recordaba cómo se llamaba. Se decía también que era por eso que desde entonces las canciones entonadas por el ya anciano músico de cantinas eran siempre tristes, y ya muy poco de lo que cantaba era alegre. Y sí, esta noche escucho que su voz está teñida de amargura. Mal de amores, desdicha y al terminar su canción, unas cuántas lágrimas.

Me siento confundido, pues no logro recordar qué me ha llevado a beber hasta perder la conciencia. Creo que lo que me despertó fue el vaso al caer al suelo y romperse. Josué no se ha dado cuenta, está en el otro extremo de la barra charlando, con expresión muy seria, con dos tipos que visten ropas que uno al instante identifica con gente metida en esos negocios peligrosos de los que uno prefiere no hablar. Traen mala pinta, y presiento que sería bueno irme, pero apenas puedo levantar la cabeza de lo mareado que me siento. Permanezco sentado, entonces.

Después de beberse una cerveza, Don Juán y el del tololoche parecen disponerse a tocar más."¡Échate una de José Alfredo! ¡La del último trago!" Dijo un tipo que estaba a unos metros de mí, con el rostro oculto tras una de sus manos y en la otra una botella de tequila. "Tómate esta botella conmigo..." comenzaba Don Juan. Yo había recurrido a esa canción antes, cómo olvidarlo... Sin embargo, sigo aquí con la cabeza llena de preguntas y confusión, y ahora también de recuerdos, memorias sobre mujeres y alcohol. El fantasma de penas que ya había ahogado vino a hacerme desear volver a la inconsciencia.

Veo, dejando a un lado mis perturbados pensamientos, que Josué está bastante nervioso al platicar con aquellos sujetos de mala pinta, y uno de estos empieza a mover impacientemente las manos al hablar también con violencia. Siento de pronto esa sensación que llega a uno cuando al construir una torre de naipes se ha alcanzado una altura considerable y en cualquier momento se puede venir todo abajo. Uno de los sujetos golpea la superficie de la barra con su puño furioso, Josué intenta mantener la compostura, pero le tiemblan las piernas y Don Juan deja de tocar, no porque se haya percatado de la situación, sino simplemente por una de esas crueles coincidencias de las que la vida está repleta, y a mí, que me atormentan mis propias preguntas y la conciencia de lo que está por ocurrir, este silencio se me ha hecho una pésima broma.

Tomo la botella de whisky, la destapo y la beso como a una amante. Es un whisky horrible, pero lo disfruto como si fuese aquel irlandés que tomé junto a unos amigos hace ya un tiempo. Y también estaba aquella mujer. Ella, ella... Santo dios. Ya recuerdo por qué estoy aquí. Me doy cuenta de que quizás en realidad no deseaba recordarlo. Se me han escapado algunas lágrimas y me he quedado petrificado, con la mirada dirigida hacia ninguna parte. Mi mente se inunda de los recuerdos de esa noche y de muchas otras en que ella estuvo conmigo. Tiemblan mis manos, me llevo de nuevo, lentamente, la botella de whisky a los labios. No puedo evitar llorar un poco más. Don Juan vuelve a tocar.

He decidido dejar esta cantina, no quiero volver a quedarme dormido en la barra y que Josué tenga que echarme del lugar a golpes. Aún tembloroso, me levanto y comienzo a andar hacia la salida. Siento un dolor inmenso, pero un dolor que la carne es incapaz de sentir, uno que no se puede curar tan fácilmente, uno que se sufre mucho más. Avanzo despacio, volteando un poco el rostro para que nadie vea que lloro. Escucho que se rompe el vidrio de una botella, dirijo mi mirada a la barra y veo a esos tipos de mala pinta de los que me olvidé a causa de los recuerdos que vinieron a llover en mi mente. "¡NO! ¡ESPERE!", grita Josué y todo se vuelve caos cuando escucho la primera detonación e intento correr como me sea posible en el estado en el que estoy. Don Juan ya no toca y al pasar a su lado veo como recibe el beso del plomo en su frente. Corro con mis pasos torpes de borracho hacia la salida, pero antes de alcanzarla recibo un balazo en mi costado izquierdo. A pesar de ello corro a través de la puerta, cruzo la calle donde la gente empieza a enloquecer también y caigo en la banqueta de enfrente. Apenas estoy consciente, el dolor es demasiado y he de estar perdiendo mucha sangre. Miro el cielo, lleno de estrellas, oscuro, pues aún está lejano el amanecer. No hay luna. Creo ver su imagen, su rostro en el manto estelar, en la infinitud  que me envuelve, logran mis labios articular su nombre.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Tristezas de la Luna (Tristesses de la Lune) de Charles Baudelaire

Esta noche, la luna sueña con más pereza;
y al igual que una mujer hermosa, tumbada en cojines,
con mano distraída y ligera acaricia
el dibujo de sus senos, antes de quedarse dormida,

y desfalleciente, en el lomo satinado de aludes suaves,
a éxtasis prolongados y lánguidos se entrega,
y sus miradas pasea por las visiones blancas
que ascienden en el azul como floraciones.

A veces, en medio de su languidez ociosa,
deja en este mundo caer una lágrima furtiva,
y un piadoso poeta, enemigo de dormir,

en el hueco de su mano acoge esa pálida lágrima,
es como un fragmento de ópalo con relfejos irisados,
y en su corazón la guarda, lejos de los ávidos ojos del sol.



(Las Flores del Mal, Charles Baudelaire, traducción de Jacinto Luis Guereña)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Insignificancia

Estoy en alguna parte, lejos, muy lejos, pues quise alejarme de todo, sin que nadie lo supiera, a esta hora en que todos duermen y no sé yo donde estoy.

Primero no hubo nada que quisiera hacer. Las cosas habían perdido todo sentido, y por eso mismo estaba inmerso en esa confusión donde no sabia siquiera si quería seguir siendo. No quería ser, no quería mas de nada y es por ello que ahora me encuentro aquí. Sí, nadie lo sabe, o eso creo, se darán cuenta, probablemente.

Sé donde estoy, no podría estar en otro lugar, mas sin embargo no sé cómo llamarle, pues de muchas maneras había escuchado que le llamaban, y veo ahora que ninguno de esos nombres es apropiado, ninguno dice nada sobre lo que este lugar en verdad es.

Otra cosa que recuerdo es que se decía mucho sobre la posibilidad de volver, de irse de este lugar. Pero no veo salida, algún camino de regreso, ninguna forma de escapar. ¿Pero para qué quiero escapar, si lo que me trajo aquí fue justamente el deseo de dejarlo todo atrás, de alejarme, de irme lejos, muy lejos?

No entenderán el por qué de mi partida, no espero que lo entiendan, ¿cuándo entendieron algo?

Es verdad que aquí hay paz, pero no encuentro respuesta a muchas cosas, ni comprendo el por qué de muchas otras. Mis pensamientos son ya parte de todo lo que veo, de todo lo que puedo tomar con las manos, de todo lo que pueden mis oídos percibir como música o como murmullos del viento; mis pensamientos son ahora cada pétalo de las flores. Son todo, es decir, ya no hay más.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Noches eternas

Tan cerca veo de nuevo el fondo de la noche
y siento la misma sensación de que me hundo,
de que no podré salir.

Cuerpos elevándose rodeados de sus angustias
y el baile de los ojos cegados por la confusión,
por el sueño inalcanzable.

Lo que hay de realidad o de fantasía no importa,
la pesadez es la misma de un lado o del otro,
la melancolía tan inherente al ser.

Cómo arrebatan la vida los minutos
tan presentes y tan ciertos...

sábado, 12 de noviembre de 2011

Así que quieres ser escritor, ¿eh? (So you want to be a writer?) de Charles Bukowski

Si no brota de ti a borbotones
a pesar de todo,
ni lo intentes.
A menos que te salga por voluntad propia
del corazón y la mente y la boca
y las entrañas,
ni lo intentes.
Si tienes que permanecer horas sentado
mirando la pantalla del ordenador
o encorvado sobre la
máquina de escribir
en busca de palabras,
ni lo intentes.
Si lo haces por el dinero o
la fama,
ni lo intentes.
Si lo haces porque quieres
mujeres en la cama,
ni lo intentes.
Si tienes que sentarte y
rehacerlo una y otra vez,
ni lo intentes.
Si sólo pensar en ello ya te cuesta trabajo,
ni lo intentes.
Si quieres ser como algún otro,
olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga de ti
con un rugido,
entonces espera tranquilo.
Si no llega a salir de ti con un rugido,
dedícate a otra cosa.
Si primero se lo tienes que leer a tu esposa
o a tu novia o tu novio
a tus padres o quienquiera que sea,
no estás preparado.

No seas como tantos otros escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman escritores,
no seas soso, aburrido y
pretencioso, no te dejes consumir por el
narcisismo.
Las bibliotecas del mundo
se han dormido de
aburrimiento
con los de tu calaña.
No lo empeores.
Ni lo intentes.
A menos que te salga
del alma como un cohete,
a menos que creas que la inactividad
te llevaría a la locura o
al suicidio o al asesinato,
ni lo intentes.

A menos que el sol en tu interior te
abrase las entrañas,
ni lo intentes.

Cuando de veras sea la hora,
y si estás entre los escogidos,
cobrará vida por
sí mismo y seguirá cobrándola
hasta que mueras o muera
en ti.

No hay otra manera,

ni la hubo nunca.



(Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta, Charles Bukowski, traducción de Eduardo Iriarte).

jueves, 3 de noviembre de 2011

Noctuidae

Ese día lo despertó con una patada, con el rugir de la bestia que cada mañana lo hacía querer no levantarse y quedarse dormido toda la mañana, todo el día, no volver a despertar, para qué. Respirando hondo lograba controlar ese impulso de terminar con la repetición de la vida, de quedarse acostado con la tranquilidad de permanecer alejado del mundo que tanto lo hacía enfadar. Estaba oscuro afuera y entraba el viento frío por la ventana, eso no le gustaba, no le gustaba el frío, no le gustaba que estuviese nublado, tampoco le gustaba cuando en verano el Sol desde temprano iniciaba su recorrido a través del cielo. A esa hora no le podía gustar nada.

Ecos de la pesadilla que había tenido apenas antes de despertar, hace una eternidad, inundaban sus pensamientos al andar por la calle. Hacía frío. Se olvido rápido de gran parte de su pesadilla y sólo quedaba lo perturbador de su inconsciente temor, como la única y  absoluta certeza que venía a su mente cuando no deseaba levantarse por las mañanas, la mariposa negra que lo espera posada en la puerta de su casa. Sí, la expresión de la gente esa mañana era toda igual; todos le recordaban esa parte de su pesadilla. Los autos lo deprimían. Son tantos, son muchos, no dejan cruzar, no se detienen, chocan, casi atropellan a alguien, todo es ruido. Todo es un silencio inquietante en su memoria, la pesadilla que había perfundido su realidad. Cuando se da cuenta ya nada le importa. Leyó al despertar unos párrafos del libro que siempre tiene en su mesita de noche junto a su cama, ese libro en el que siempre encuentra reflejos de tranquilidad, esencia perdida. Después de ver por la ventana recordaba poco, de pronto ya estaba ahí, en la calle, con su ruido, sus autos, su frío, caminando a quién-sabe-dónde.

Pensó en cuánto amaba los días nublados y los soleados y el frío y el calor y todo, todo le gustaba ahora. Anduvo, deteniéndose a veces a pensar, sentándose a ver pasar a la gente, perdiéndose de repente, quedándose inmóvil, hundido en la inconsciencia y en esa desesperación latente que lo perseguía. Ya volvía la noche. Ya odiaba todo de nuevo. Ya nada importaba. Se había perdido, no recordaba donde se encontraba. Tal vez debería pedir ayuda, pensaba, pensaba, tal vez debería seguir caminando, tal vez no tenía en realidad un lugar al cual ir, pensaba. Desde hace un rato que un par de policías no le quitaban la mirada de encima. Pensaba. Había una mariposa negra en su hombro que le recordó su pesadilla perpetua,en la que tantas veces había despertado y de la cual nunca había logrado salir. Sus sueños sobre no poder dormir y el deseo de nada era todo lo que llenaba su pensamiento. Nada. Eso era lo que deseaba, llenarlo todo de Nada.

Todo se movía, y la Nada en su interior. Cuando sintió el golpe le dejo de importar su interior y sólo le preocupaba comprender cómo era que no se le había ocurrido correr al ver que los policías caminaban hacia él. Era como la continuación de su pesadilla, en la que después de las mariposas había vuelto esa incontrolable bestia que lo despertaba a patadas por las mañanas, pero en su pesadilla era de madrugada, y la bestia lo tenía demasiado inquieto, tanto que corrió despavorido por la calle, gritando y maldiciendo. Un hombre se le acercó apresuradamente e intentó detenerlo, hablarle, tranquilizarlo; pero la bestia le aullaba al oído, y era un sonido chirriante, terrible, que le revolvía los pensamientos con sus instintos, con su bestia interior. La parte racional de su ser se sentía lejana, dormida. El universo entero se volteó en unos instantes, todo lo movía la confusión y su cuerpo no estaba más bajo su control. En medio de su desconcierto logró correr del lugar, tropezando con el hombre que ahora yacía en el asfalto con ojos que ya no mostraban el brillo de la mirada de los vivos.

Recordaba poco de lo que había sucedido después de su pesadilla. Revoltijo de palabras sin sentido en una sola taza de café por la mañana después de la ventana, después de la bestia, después de su pesadilla, de la cual ya no recordaba nada mientras el sedante y las luces de la celda lo mantenían alejado del mundo que tanto lo hacía enfadar, en el que tanto odiaba despertar, especialmente en los días fríos y nublados, y en los cálidos y soleados también.

sábado, 22 de octubre de 2011

22-23

Nunca ha sido mi memoria algo extraordinario, pues soy más bien olvidadizo y eso muchas personas lo podrán atestiguar. Pero como toda persona, hay cosas que no olvido, aún siendo cosas como números de teléfono, códigos postales, o fechas (sí, nunca me han gustado mucho los números). Y hoy es una de esas fechas que siempre tengo presentes, que no me podría perdonar olvidar: el cumpleaños de mi madre. Venga, seguramente todos le damos un lugar especial en nuestra memoria a fechas así, especialmente cuando se trata de la familia, y creo que aún más particularmente en el caso de nuestra progenitora (o por lo menos yo le doy esa importancia).

Es difícil pensar lo mucho que uno le debe a su madre, dejando a un lado toda la cursilería que uno podría esperar. Este semestre, en el que llevo la materia de Psicología Médica en la universidad, he reflexionado muchas cosas de este tipo. Justamente fue la psiquiatra que me da clase la que nos contó algo curioso, referente a esto. Nos contó de una frase que había escuchado en una canción de La Oreja de Van Gogh: "el amor verdadero es tan sólo el primero". Ok, nos suena como la letra de cualquier canción de amor, pero si se analiza desde un punto de vista muy "psicoanalítico", esta frase es verdad. ¿Quieres decir que mi primera novia fue en realidad mi único y verdadero amor? No, porque esa primera novia o esa primera muchacha de la que uno se sintió enamorado no fue el primer amor. You've got it already? Si no, los dejaré pensando.

Hoy también celebra mi padre y su generación de la universidad veinti-no-me-acuerdo-cuántos años de haberse graduado. Habrá brindis y toda la cosa. No sólo brindaremos por eso, sino que también mañana es Día del Médico. Y yo, además, brindaré por mi madre. ¡Por mi madre, bohemios!

martes, 18 de octubre de 2011

Nocturno II

Llega el momento en que uno
ya no busca la salida del laberinto.
El laberinto es uno mismo
toda suerte y único destino.

La noche se ha tornado más oscura,
tanto que no es posible hallar camino.
Uno escucha los aullidos del silencio
y cómo se apaga la vida, como un trino.


miércoles, 12 de octubre de 2011

Las cosas que no hice, las cosas que dije

Tiempo de no publicar nada por aquí, sin embargo tengo algunos borradores guardados, y sólo estoy esperando "a que sea el momento" para que los puedan leer. Un intento de cuento y otro intento de poema, pero bueno, es lo que se me antoja escribir.

La vida anda, con los tropiezos inevitables de todos los días, pero anda.

Hace ya un buen rato que comencé a leer la alabada novela de Julio Cortázar, Rayuela. No sé por qué no la había leído antes. Admito que me enamoré a las pocas páginas. De Cortázar había leído únicamente cuentos y uno que otro poema, y no había tenido oportunidad de leer su famosa Rayuela. Me faltan algunos capítulos que espero terminar pronto, pero ya a estas alturas la recomiendo ampliamente (aunque dudo que no la hayan leído ya).

De Fernando Pessoa he escuchado mucho, es decir, de su persona (pues más bien conozco poco de su obra) y recientemente me compré el que tal vez sea su libro más conocido, El libro del desasosiego. Personas en cuyo gusto tengo confianza me han hablado bien tanto del autor como del libro, que no he comenzado a leer. Veremos qué tal, aunque no dudo que sea una belleza, pues de Pessoa he leído algunos poemas, y hay uno en particular que se ha vuelto uno de mis favoritos. Tal vez lo postée pronto.

 Esto de los libros me dejará pobre.
 __________

 No nos damos cuenta, pero es como si en vez de ser un mosaico de sentimientos, una canción fuese un sentimiento por si misma; que en un momento cualquiera en que pasan los pensamientos como las cartas siendo barajadas, surja de la nada su estribillo y sus notas nos empapen. De repente la llevamos a todas partes, y así como llegó, de pronto se ha ido.

martes, 6 de septiembre de 2011

Fuera de la esfera de los vivos

2:24 am y nada, no veo nada mas que la oscuridad. Me levanto y tengo la certeza de que será una noche larga, más larga que cualquier otra. Pareciera que todas las cosas en los últimos dìas, inclusive en las últimas semanas, se han alineado para dirigirme aceleradamente a este punto.

Me levanto y al sentir mis pies en el suelo y ver por mi ventana siento que en verdad se me ha dejado caer; la suerte me tenía entre sus manos y llevándome cada vez más alto, sabía que llegaría el momento de caer. Y caí. Por muchos días supe que estaba cayendo... Hoy creo haber llegado al fondo del precipicio, después de la sacudida completa de mi ser al impactarme con lo más profundo.

No veo a nadie en la calle. 2:30 am de un lunes. No hay nadie. Por supuesto que no veré a nadie. Un semáforo se encuentra en verde, sin que haya nadie queriendo pasar. Dura unos segundos el color ámbar, y se enciende el rojo. Me pierdo en su color, en su significado. Ojalá un semáforo rojo fuése suficiente para detener mi ruina, para darle un alto a las precipitadas decisiones que el destino toma.

Y sigo contemplando el rojo. 2:35 am y sigue rojo. No ha cambiado el semáforo. No hay ningún coche esperando a que cambie, a que se encienda el verde. Estoy yo, desde mi ventana, observándolo. Y sigue rojo.

El sueño me ha abandonado, aunque eso lo sé desde hace mucho tiempo. A veces viene, y procura ser cruel. Tengo visiones con mi muerte, veo cómo los fantasmas entran por la ventana después de que un viento descomunal rompa sus cristales, y escucho cómo se lamenta ese viento, cómo gime, cómo grita, cómo aulla. 2:40 am. Y sigue rojo.

Los pasos que doy yendo de vuelta a mi cama no producen sonido alguno, inclusive ignoro si aún sigo sintiendo el contacto del suelo con mis pies. 2:46 am y por mi ventana entra la luz roja del semáforo. A veces creo que comienzo a desaparecer, a abandonar prematuramente el mundo. Aún puedo ver mi reflejo en el espejo, pero van desapareciendo otras sensaciones, como en estos momentos, y siento que repentinamente me disolveré en la noche y me volveré negrura.

2:50 am y sé que he llegado al fondo. El semáforo se ha quedado en rojo, al fin lo he comprendido. No siento sueño ni cansancio y veo en el espejo mi alma maltratada. Al acostarme, miré al techo, o a donde yo suponía que estaba, pero eran las 2:58 am y nada veía. Quién sabe si me encontraba donde yo creía. Qué más da. Ya son las 3:00 am. El tiempo ya no fluye al mismo paso que los ríos de tinieblas que a mi mundo inundan de pesadillas. Entre un instante y otro todo desaparece, incluso la oscuridad.

Y todo puedo hallarlo en los pétalos de esta flor o en el fondo de tus ojos. Qué más da. Ya no sé qué hora es.

viernes, 26 de agosto de 2011

En los cielos grises

Porque los cielos grises siempre me recuerdan muchas cosas, y seguramente entre ellas hay más de un viaje o quizá incluso el swing de unos versos que cantaban por sí mismos al momento en que mi vista los percibía y en mi mente soltaban su esencia, completamente ilegible, completamente invisible. En los cielos grises puedo perder mi mirada y encontrar paz, encontrar la paz de inviernos pasados, de tiempos que ya se han quedado atrás, de momentos de silencio en los que no añoraba ningún nombre y ninguna voz. Pero, ¡qué va! Si desde hace tiempo que es de noche.

Y quisiera pensar que no hay Luna, pues así no tendrías a donde escapar, y si ahí estuviese, flotando, gobernando el cielo nocturno, yo no estaría aquí. Estaríamos destinados a encontrarnos de nuevo, como creo que lo estamos, y únicamente veríamos,  como lo habían revelado los misterios de nuestra propia fantasía, que en ese lugar tan desolado y tan alejado de todo, los mismos sueños siguen volviendo, como los miedos de la infancia o como el recuerdo de los viajes o como el swing de los versos, da igual... Ya todo daría igual. Pero sabemos que ha sido noche sin Luna, no como aquella vez que nos acompañaba, y ahora extrañamos los cielos grises y todo lo que en ellos podíamos encontrar.

sábado, 13 de agosto de 2011

Los mares sin fondo

Impredecible. Líneas de problemas en toda el camino de ida. Nada que recoger en el camino de vuelta. Nada que recordar llegando a casa. Una vez dormido, tal vez pueda saber qué demonios pensaba, mientras el cielo me llenaba la mente e inundaba mis ojos con las más altas visiones de lo que uno podría comprender, o tal vez no. Nada puede ser llamado “perfecto”. No sabré comprender lo que quieren decir tus crípticos silencios, en los que el grito de la incertidumbre me ensordece. Mientras no hablas, todo lo has dicho ya. Diría que no hay vuelta, que en realidad no hay un camino que lleve hacia donde he estado ya. Veré que hacia casa me lleva pero no es el mismo camino, ni el mismo destino, ni la misma persona quien camina sobre él. Será que todo lo que hay en esta interminable lluvia ha querido darte una parte de lo que creías jamás encontrar. Y quería creer que sólo a ti se te había olvidado, pero cuando me dí cuenta ya era algo tarde y me había olvidado también. 

Pensé en huir, salir de ahí antes de ahogarme y no volver a pensar en cuánto dolerá. Realmente no tuve la intención de dejarlo atrás, pues en lo poco que podía recordar, en todo había algo de eso que de verdad en la luz me es imposible hallar. ¿Qué tanto más tendré que esperar para percibir al menos cómo en mi alrededor todo se vuelve un poco más parecido a lo que en las palabras de los versos no nos fue posible leer? Tal vez sea demasiado lo que en realidad nos han querido decir, y todavía más lo que nos hace falta comprender. Pero mientras deciden las horas y los días qué tanto más esperarán antes de irse, yo he llegado ya a donde aquel camino me llevó, he dormido, soñado y despertado, y cuando hube recordado lo que tenía que recordar, al asomarme por una ventana me encontré con el mar.

martes, 2 de agosto de 2011

Recomendaciones literarias

Mis vacaciones están a nada de terminarse. Fueron 3 semanas bastante aburridas en veces, y lo poco que hacía se puede resumir en: correr, leer y dormir. That's it. Bueno, pues creo que pude aprovechar bien estos días de descanso más que nada en cuanto a lo leído, ya que durante el semestre no tendré mucho tiempo de leer algo que no sea Biología Molecular o Fisiología. Pude terminar 5 libros (leyendo al mismo tiempo otros cuantos) y vino a mí la ocurrencia de hacer una mini-reseña de los mismos. Aquí vamos.

-De Emil Cioran: "Breviario de los Vencidos" y "Ese maldito yo".


A principios de las vacaciones terminé de leer el que fue el primer libro escrito por Cioran, "En las cimas de la desesperación", con el que quedé fascinado por las ideas y el pensar del autor. Siendo yo "seguidor" de Nietzsche desde mi temprana adolescencia, muchas de las ideas de Cioran ya las conocía, pero hay otras que solamente él puede expresar con ese estilo único que lo caracteriza, casi poético.

Es claro que "En las cimas..." por haber sido el primer libro de Cioran, y habiéndolo escrito a los "veinti-tantos" años, es su libro primordial, en el que la esencia y toda la ira de su pensamiento se ven proyectadas. Los demás libros son un desarrollo de estas ideas encontradas en el primero, pero aún así, creo que vale la pena leerlos.

En el Breviario de los vencidos aborda los temas clásicos con los que trata Cioran: la muerte, el hastío, la existencia, el alma, la tristeza, el suicidio, etcétera. Después de haber leído "En las cimas...", no hay muchas cosas nuevas en el Breviario. Pero, en cambio, creo que en Ese maldito yo, a pesar de tratar temas parecidos (o los mismos), ve las cosas de un punto de vista distinto, puesa veces nos habla de la filosofía budista o nos comenta sobre el pensamiento en la tradición de culturas orientales. Cabe destacar que éste fue el último libro escrito por Cioran y que es un libro conformado no por capítulos, sino por muchos aforismos.

-De Ernest Hemingway: "El viejo y el mar".


Esta es la segunda vez que lo leo. La primera fue hace mucho tiempo y la verdad es que no recordaba lo buen libro que era. Seguramente muchos lo han leído ya, pues es, sin duda, de lo más conocido de la obra de Hemingway. La lucha del viejo pescador, que navega en pos de un pez al que termina admirando e inclusve con el que se termina identificando, siento que es una historia que todos debemos leer, por lo menos una vez en la vida.

-De Mario Vargas Llosa: "Cartas a un joven novelista".


En este libro, Vargas Llosa nos habla, podríamos decir, sobre cómo convertirse en un escritor de novelas y sobre la novela en sí, en un formato de cartas dirigidas, como el autor nos cuenta, a sí mismo en su juventud, en los tiempos en que apenas deseaba convertirse en escritor.

Tipos de narrador, niveles de realidad, el estilo, "cajas chinas" y otros temas sobre la escritura de novelas son los que Vargas Llosa nos explica en este libro, utilizando la obra de autores como Kafka, Cortázar o Borges para ilustrarnos mejor sus puntos de vista.

-De Carloz Velázquez: "La marrana negra de la literatura rosa". 


 Recuerdo que escuche el programa de Tripulación Nocturna (martes a las 22 por Radio Efímera) en el que Carlos Velázquez fue el invitado, y justamente la platica trató sobre la obra de dicho autor y más específicamente sobre este libro. De un tipo irreverente y "anti-modas" como Velázquez, no se podía esperar menos que un libro de esta naturaleza, extrema y desquiciada.

"Un gordo cuya mujer lo pone a dieta de cocaína para que baje de peso, un adolescente con síndrome de Down que se convierte en el tecladista estrella de una fallida banda punk y una marrana negra con aires de diva que le dicta a su atribulado dueño geniales novelas de literatura rosa [...]". 5 historias con temáticas poco usuales, narradas con un estilo genial.
________

Pues bien, esos son los libros que quiero recomendarles. Además de estos 5, estuve leyendo "Lobos del Calla", la quinta parte de La Torre Oscura de Stephen King y algunos libros de poesía. Les recuerdo que siempre me pueden recomendar qué leer (hay veces que se me acaban las ideas y deseo leer cosas nuevas).

La lectura es una actividad frecuentemente malinterpretada. Leer cualquier libro no te hace mejor persona, es más, el puro acto de leer no hace mejor persona a nadie. Dejando a un lado el hecho de que los "libros no tan buenos" abundan, tampoco leer buenos libros sirve de nada a quien no piensa un poco más de lo necesario o no reflexiona sobre lo que lee. No importa la cantidad de libros que se lean, sino la calidad de la reflexión y el pensamiento del lector. Vale.

viernes, 29 de julio de 2011

Nada.

En unos minutos serán las 3 de la mañana. Admito que a esta hora comienzo a sentirme ya algo cansado, con el único deseo de que cuando me disponga a dormir lo pueda lograr. No necesito de bebida energética alguna, café o cualquier cosa de esas, el insomnio en mí es natural, provocado por sabrán los dioses cuál motivo. Es útil en tiempos de clases, pues puedo prolongar el estudio hasta estas horas de la madrugada. Pero cuando uno no tiene la intención de "aprovechar" el tiempo, puede resultar horrible, tormentoso.

Bueno, a veces es a esta hora que se despierta la creatividad o cuando llegan ideas para cualquier cosa. Tengo un cuaderno en el que escribo lo que insolentemente me atrevo a llamar "poemas". Y tengo varias de esas cosas también aquí en la computadora. A veces me pregunto por qué escribo todo eso, si de verdad algún día querré publicarlo o algo así. A pesar de preguntarme esto, siempre hay momentos en los que no puedo evitar hacerlo, sea por el hecho de que simplemente tengo una idea buena, o bien, porque un sentimiento o una sensación de dimensiones terribles no me deja en paz.

Esto de escribir lo llevo haciendo desde hace años. Tampoco he sido muy constante, pues hubo una época relativamente reciente en que no lo hice para nada. Y no, no conservo muchas de las cosas que he escrito. Normalmente, lo que hacía que eso que había escrito tuviera sentido desaparecía después de un tiempo, o simplemente me daba cuenta de que eran versos horribles como para conservarlos.

Algunas cosas las he puesto aquí, otras en tumblr, otras están guardando silencio en las hojas de mi cuaderno o en forma de bytes y kilobytes en el disco duro de esta computadora. Lo que sea.

Ya pasan de las 3 y no puedo dormir. ¿Escribiré ahora? Probablemente...

domingo, 17 de julio de 2011

La Muerte de los Amantes (La Mort des Amants) de Charles Baudelaire

Tendremos camas de olores suaves,
y divanes tan profundos como tumbas,
y en los estantes flores extrañas abriéndose
para nosotros bajo cielos más puros.

Con su calor postrero y usándolo a porfía,
nuestros corazones serán dos grandes antorchas,
sus luces dobles se reflejarán
en nuestras dos almas, espejos gemelos.

Y en un atardecer de color rosa y azul místico
intercambiaremos un relámpago, uno tan sólo,
henchido de adioses, como un largo sollozo;

y luego, un Ángel, al entreabrir las puertas,
fiel y jubiloso acudirá a reavivar
los espejos turbios y las llamas muertas.


Traducción de Jacinto Luis Guereña.

viernes, 15 de julio de 2011

... Y hasta incomprensible.

Soy alguien que se aburre fácilmente, he de admitirlo. Van  3 días de vacaciones y ya deseo tener algo más qué hacer. No deseo necesariamente volver a clases, pues sé que una vez ahí lo primero que haría sería desear vacaciones. Tengo libros para leer y estoy tranquilo haciendo solamente eso y salir a correr. Y dormir, aún con dificultades. Pero aún así, uno se aburre de la rutina. Bueno, aunque en realidad, aún en clases, de vacaciones haciendo nada o de vacaciones en cualquier otro lugar haciendo algo, siempre termino aburrido.

¿De qué manera podría experimentar todo el "movimiento" que busco? Tal vez encaminándome en una especie de viaje interminable. Algo así sería interesante y cada día tendría que ser casi completamente distinto del anterior. Pero esto es tan sólo una fantasía, probablemente irrealizable. ¿A quién no le gustaría eso? Bueno, tal vez no a todas las personas, pero estoy seguro que más de uno ha pensado en algo parecido. Un viaje interminable, en lugares completamente nuevos y desconocidos.

"La vida es un viaje", dicen, pero es una de esas frases que detesto. No le quito lo poco que tiene de verdadero, pues hay algo de razón en ella. Cada día es, ciertamente, distinto al anterior y nunca volverán a ser las 18:11 del 15 de julio de 2011. Jamás volverá ese instante de la existencia. Jamás. Pero, sin embargo, en una vida en que nada satisface, en la que todo hace que cuestiones aún más el sentido de las cosas, en la que el hastío está siempre presente, la vida se convierte en nada más que presenciar el paso del tiempo.

Y sí. Estoy lo suficientemente aburrido como para escribir esta clase de cosas. Estoy lo suficientemente enojado con muchas cosas como para escribir que simplemente no estoy conforme con casi nada. Con decirles que en estos días prefiero pasar horas y horas con mis libros que siquiera asomarme a las "redes sociales". Últimamente todo son quejas y temas que no me interesan en lo más mínimo. Por no decir que parece que las personas se empeñan en hacer que deteste ciertas cosas. *Suspiro*.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Que necesito algunos cambios en mi vida. "Got to be some more change in my life", como dice una canción que tanto me gusta. Y, ¿cuáles son esos cambios que tanto deseo? No tengo idea, supongo.

martes, 12 de julio de 2011

Es hora de recapitular...

Hoy presenté mi último examen del semestre. Las últimas dos semanas habían sido de exhaustivo estudio y largas horas en vela, no necesariamente estudiando, pero producto de la ansiedad y a veces incluso desesperación que llegué a sentir. Deseaba el descanso más que nada y estudiaba mucho con tal de tener vacaciones de una vez. No fue nada fácil. La Fisiología no es sencilla.

Y sí, hoy tuve mi examen. A las 8 de la mañana. Lo terminé a las 9:30 aproximadamente. Quedaba esperar, lo cual, en estas circunstancias, puede resultar angustioso. Peor es aún todavía cuando sabes que las calificaciones están listas y no las publican por puro capricho. Ya habían pasado las 11 y sabíamos, por una secretaria, que la lista con calificaciones ya estaba hecha. Maldición. Y así fue hasta las 14, que por fin las publicaron, que por fin supe que había aprobado Fisiología A (la B es el siguiente semestre).

El semestre tuvo momentos difíciles, claro, pero ahora parecen lejanos, disueltos, como sueños. Y dormir es justamente lo que quiero hacer ahora, que creo que no podré a pesar del cansancio, pero por lo menos también hay libros que leer, que pueden acompañarme en esas tormentosas horas de insomnio.

Se fue el primer año de la carrera, tan rápido como lo sentí comenzar.

jueves, 23 de junio de 2011

"Nocturno" de Manuel Acuña

I

¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
y al grito en que te imploro
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

II

Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

III

De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

IV

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

V

A veces pienso en darte
mi eterna despedida
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión:
mas si en vano todo
y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿qué quieres tú que yo haga,
con este corazón?

VI

Y luego que ya estaba
concluido tu santuario,
tu lampara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...

VII

¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

VIII

¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso
mi santa prometida;
y al delirar en eso
con la alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.

IX

¡Bien sabe Dios que ese era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

X

Esa era mi esperanza...
más ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!


R...

martes, 31 de mayo de 2011

Esa música sombría...

Bénédiction (Bendición) de Charles Baudelaire

Cuando por decreto de las supremas potencias,
en este mundo de hastío aparece el Poeta,
su madre, espantada y blasfemando
a Dios que apiadado la mira, le muestra sus puños:

"¡Ay! ¡no haber parido un nido de víboras
en vez de a un ser tan irrisorio!
¡Maldita la noche aquella de efímeros placeres
cuando mi vientre concibió mi propia expiación!

Puesto que entre todas las mujeres me elegiste
para ser la tristeza de mi asqueado marido,
y puesto que a las llamas no puedo arrojar,
como una carta de amor, a este monstruo enano,

haré que tu odio, que me abruma, recaiga
sobre el instrumento maldito de tus maldades,
y tanto retorceré a este arbusto canijo
que no brotará nada de sus apestadas yemas."

Así se va tragando y soltando la espuma de su odio,
y al no comprender los designios eternos,
ella misma prepara en lo hondo de la Gehena
las hogueras justicieras de los crímenes maternos.

No obstante, bajo el amparo invisible de un Ángel,
el niño detestado se extasía de sol,
y en todo cuanto bebe y come
saborea néctar bermejo y ambrosía.

Con el viento juega y con las nubes habla,
y se embriaga al cantar, camino de la cruz;
el Espíritu que en su peregrinación le acompaña
llora al verlo dichoso como un pájaro del monte.

A cuantos amar anhela, con temor le observan, o incluso
enardecidos ante su tranquilidad,
se deciden por herirle, y lo consiguen,
demostrando gran ferocidad.

En el pan y en el vino que a su boca destinan
mezclan ceniza con asquerosos salivazos;
con hipocresía van tirando todo cuanto él toca,
y reconocen que en su andar ellos se interponen.

Por calles y plazas su mujer va pregonando:
"Ya que tan hermosa le parezco y mucho me adora,
desempeñaré el oficio de los ídolos antiguos,
y quiero que, como a ellos, de oro se me cubra.

Me embriagaré con nardo, incienso y mirra,
en éxtasis de adoraciones, viandas y vinos,
saber quisiera si de un corazón que me admira
puedo usurpar, riéndome, los homenajes divinos.

Y cuanto ya esté harta de esas farsas impías,
en mi amante posaré mis manos frágiles y fuertes;
mis uñas, iguales a las de las harpías,
para ir a su corazón sabrán abrirse camino.

Ese corazón tan rojo de su seno he de arrancarlo
como un pajarilo que tiembla y que palpita,
y al suelo, con desprecio, se lo arrojaré
a mi animal preferido y que así se sacie."

El Poeta, serenamente, sus piadosos brazos alza
al cielo y allí sus ojos ven un trono maravilloso,
los intensos relámpagos de su lúcido espíritu
le privan del espectáculo de los pueblos furiosos:

"¡Bendito seas, Dios mío, por repartir el dolor
como divino remedio de nuestras impurezas,
dolor que das como la esencia mejor y más pura
que a los fuertes prepara a las delicias santas!

Ya sé que al poeta reservas un sitio
en las filas felices de las legiones sacras,
y que ya le invitaste a  la fiesta eterna
de los Tronos, Virtudes y Dominaciones.

No ignoro que el dolor es la nobleza máxima
y que los infiernos y la tierra jamás la alcanzarán,
y que para trenzar mi corona mística es preciso
la colaboración de todos los tiempos y universos.

Pero para tan hermosa diadema deslumbradora y pura
nada bastaría: ni las alhajas perdidas de la antigua
Palmira, ni los metales desconocidos, ni las perlas
del mar que tus manos engarzan;

Diadema sólo formada por vívidos destellos
que brotan de la luz santa de los rayos primeros,
y cuyos ojos mortales en su completa fulguración
¡no son sino espejos ensombrecidos y plañideros!"


(Traducción de Jacinto Luis Guereña).




domingo, 15 de mayo de 2011

"Bellísima" de Eduardo Lizalde

Óigame usted, bellísima,
no soporto su amor.
Míreme, observe de qué modo
su amor daña y destruye.
Si fuera usted un poco menos bella,
si tuviera un defecto en algún sitio,
un dedo mutilado y evidente,
alguna cosa ríspida en la voz,
una pequeña cicatriz junto a esos labios
de fruta en movimiento,
una peca en el alma,
una mala pincelada imperceptible
en la sonrisa...
yo podría tolerarla.

Pero su cruel belleza es implacable,
bellísima;
no hay una fronda de reposo
para su hiriente luz
de estrella en permanente fuga
y desespera comprender
que aun la mutilación la haría más bella,
como a ciertas estatuas.
________
Lo pueden escuchar en la voz del propio Lizalde dando clic aquí.

lunes, 9 de mayo de 2011

Brindo por la mujer, pero por una.

Pues sí, mañana es Día de las Madres. No voy a decir nada que seguramente escucharán o leerán por todas partes, cosas como: "se les debería celebrar todos los días" y bla bla bla, pero sí les diré que no hay ser más significativo en nuestra existencia como lo es nuestra progenitora, tanto si lo vemos desde el punto de vista "sentimental" como si lo vemos desde el biológico.

En Año Nuevo, mi padre y mis tíos casi siempre declaman un poema, "El Brindis del Bohemio" de Guillermo Aguirre y Fierro, que desde mi infancia ha sido uno de mis favoritos. Pero como ocurre con algunos libros, con las pinturas y, por supuesto, con los poemas, uno tiene una interpretación a cierta edad y esta cambia conforme nos hacemos viejos y la Vida va sembrando sabiduría en nuestro espíritu. Pues bien, yo de pequeño escuchaba el Brindis, pero ahora entiendo muchas cosas más de él.

Bastante apropiado se me hace para esta fecha compartirles un fragmento (que es prácticamente la mitad) de tan hermoso poema. Que sea un feliz día para todas las madres.


Sólo faltaba un brindis, el de Arturo,
el del bohemio puro,
de noble corazón y gran cabeza;
aquel que sin ambages declaraba
que sólo ambicionaba
robarle inspiración a la tristeza.

Por todos lados estrechado, alzó la copa
frente a la alegre tropa
desbordante de risa y de contento
los inundó en la luz de una mirada,
sacudió su melena alborotada
y dijo así, con inspirado acento:

-Brindo por la mujer, mas no por esa
en la que halláis consuelo en la tristeza,
rescoldo del placer ¡desventurados!
No por esa que os brinda sus hechizos
cuando besáis sus rizos
artificiosamente perfumados.

Yo no brindo por ella, compañeros,
siento por esta vez no complaceros.
Brindo por la mujer, pero por una,
por la que me brindó sus embelesos
y me envolvió en sus besos;
por la mujer que me arrulló en la cuna.

Por la mujer que me enseñó de niño
lo que vale el cariño
exquisito, profundo y verdadero;
por la mujer que me arrulló en sus brazos
y que me dio en pedazos
uno por uno, el corazón entero.

¡Por mi madre! Bohemios, por la anciana,
que piensa en el mañana
como en algo muy dulce y muy deseado,
porque sueña tal vez que mi destino
me señala el camino
por el que volveré pronto a su lado.

Por la anciana adorada y bendecida,
por la que con su sangre me dio vida,
y ternura y cariño;
por la que fue la luz del alma mía;
y lloró de alegría
sintiendo mi cabeza en su corpiño.

Por esa brindo yo, dejad que llore,
que en lágrimas desflore,
esta pena letal que me asesina;
dejad que brinde por mi madre ausente,
por la que llora y siente
que mi ausencia es un fuego que calcina.

Por la anciana infeliz que sufre y llora
y que del cielo implora
que vuelva yo muy pronto a estar con ella;
por mi madre bohemios, que es dulzura
vertida en mi amargura
y en esta noche de mi vida, estrella...

El bohemio calló; ningún acento
profanó el sentimiento
nacido del dolor y la ternura,
y pareció que sobre aquel ambiente
flotaba inmensamente
un poema de amor y de amargura.

viernes, 6 de mayo de 2011

Keepsake

Bueno, por si alguien desea leerlos, aquí están 3 textos que he publicado en Tumblr.

Solo.

Horas.

Palabras.

Hace tiempo que ya los había escrito, pero hasta hace poco fue que me decidí por ponerlos en algún lado. Tumblr se me ha hecho un buen medio, aunque ahí son pocos los que ven los videos que pongo o leen las cosas que escribo (espera, ¡aquí también!).

Pues vale. No los lean.

Y si alguien por aquí tiene blog en tumblr, dígame para seguirlo.

miércoles, 27 de abril de 2011

Los charcos

Ya casi se van mis días de vacaciones y creo que es de las pocas veces que he deseado que se terminen pronto. Las he disfrutado haciendo todo lo que quiera, pero últimamente me he aburrido demasiado, al punto de preferir estudiar un poco para sentir que hago algo útil.

Esta semana pasada fui a mi pueblo Rioverde. Vi a algunos amigos y cosas así, pero la mayor parte del tiempo me la pasaba leyendo o estudiando o haciendo cualquier cosa solo. Si valió o no la pena haber ido es algo que no puedo medir de ninguna manera, pero creo que lo importante ya no es el lugar sino las personas que están allá, que son mis (pocos) motivos para regresar.

¿Y por qué quiero que se terminen ya las vacaciones? Pues no sé, tanto tiempo teniendo la mente relativamente desocupada hace que me ponga a pensar en cosas en las que preferiría no pensar. Es algo así como si el estudiar y todo eso que tiene que ver con la escuela fuese como el alcohol, que me hace "olvidar" esas cosas que nada más no tengo porque seguir pensando en ellas.

Bueno, por lo menos estos últimos días no serán tan aburridos. El Festival de San Luis empezó este lunes y hay cosas interesantes para ver y escuchar, además, estos últimos días quiero estudiar todavía más, ya que en menos de dos semanas tengo examen.

Pero esta fue sólo una entrada más que si la leyeron completa, les robo tiempo que pudieron haber ocupado en cualquier otra cosa más útil, ya que leer esto seguro que no les dejó nada bueno.

(Por cierto, empezaré a poner varios textos en tumblr. Así que ya tienen más motivos para no checarlo).

domingo, 3 de abril de 2011

Abril

No sé, pero por el simple hecho de que ya es abril, me dieron ganas de escribir algo, improvisando, como siempre.

En este mes por fin vienen vacaciones, algo que necesito con urgencia. Ya el tedio me pesa cada vez más y más, pero por suerte, sólo tengo otras dos semanas de clases, con dos exámenes en el camino, lo cual hará que sean dos semanas muy pesadas. Pero bueno, lo que sea por disfrutar unas vacaciones, que aunque cortas, me serán un gran alivio.

Hay cosas que tengo planeadas hacer para las vacaciones. Tengo ya varios libros que debo terminar, otros más que hay que buscar y comprar, y claro, muchos más por descubrir. Y creo que así me gastaré mucho del tiempo libre, leyendo. Supongo que también podré aprovechar para escribir, lo cual hago poco en estos días en que la máxima prioridad es el estudio.

Recuerden que siempre pueden recomendarme libros, aquí en los comentarios, por Twitter, o donde sea. Todas las recomendaciones se agradecen.

Les dejo un video, de un grupo de Jazz que tocará en el Festival de San Luis Potosí 2011 el martes 26 de abril, en el Teatro de la Paz. Son los San Miguel Jazz Cats. Disfruten...

domingo, 27 de marzo de 2011

33

¿Han escuchado el Ghosts I-IV de Nine Inch Nails? Está aburrido y llega a ser deprimente. Las canciones no tienen letra ni nombre. Sin embargo, es lo que estoy escuchando ahora. Me gusta.

¿Qué más podría escuchar yo, sino algo deprimente y aburrido como mi persona?

Bleh, no ando borracho ni bajo el efecto de sustancia alguna (aparte de mis hormonas). Es de esas veces que me vale escribir tonterías pues sé que son pocos o inexistentes los lectores de este blog. Es patético, ya lo sé.

Pero, por supuesto, agradezco a los que se pasan por aquí, y perdonen por postear tan poco.

Vale, pues, ya escribiré algo decente algún día.

jueves, 17 de marzo de 2011

"La noche del perro" de Francisco Tario

Mi amo se está muriendo. Se está muriendo solo, sobre su catre duro, en esta helada buhardilla, adonde penetra la nieve.

Mi amo es un poeta enfermo, joven, muy triste, y tan pálido como un cirio.

Se muere así, como vivió desde que lo conozco: silenciosamente, dulcemente, sin un grito ni una protesta, temblando de frío entre las sábanas rotas. Y lo veo morir y no puedo impedirlo porque soy un perro. Si fuera un hombre, me lanzaría ahora mismo al arroyo, asaltaría al primer transeúnte que pasara, le robaría la cartera e iría corriendo a buscar a un médico. Pero soy perro, y, aunque nuestra alma es infinita, no puedo sino arrimarme al amo, mover la cola o las orejas, y mirarlo con mis ojos estúpidos, repletos de lágrimas.

Quisiera al menos hablarle, consolarle, pues sé que aunque es muy desgraciado, ama la vida, las cosas bellas y claras, el agua, los árboles…

Está tísico y morirá irremediablemente. Yo también lo estoy, pero ello importa poco. El es un poeta, y yo un perro de la calle. Un perro —como hay tantos— a quien el poeta mantiene y cuida a costa de tremendos sacrificios; un perro que, una cruda noche de invierno, lo asaltó a la puerta de un tugurio, medio muerto de hambre y de fiebre. Me tomó entonces consigo, me condujo a su casa, encendió la estufa y se asomó a mis ojos intranquilamente. Adiviné al punto sus propósitos. Me dijo:

—¿Quieres ser mi amigo?

Aquella noche —y otras muchas— me cedió su leche, su pan duro, sus mantas viejas. Sin embargo, no logré conciliar el sueño, agobiado por la melancolía más terrible.

—"¿Qué podría yo hacer para ayudar a este hombre" —me preguntaba continuamente.

Y esta alma buena que llevamos todos los perros dentro me aconsejó al instante:
—"Seguirlo siempre a donde vaya".

Así lo he hecho. No me he apartado de él un segundo. Conozco, pues, todas sus penurias, sus íntimas alegrías, sus versos; conozco su enfermedad, sus pensamientos, sus dudas y todas sus zozobras. Mientras escribe, me acurruco entre sus pies y no oso respirar; mientras duerme, yo duermo; cuando no come, no como yo tampoco; cuando sale a pasear, lo acompaño siempre; vamos muy juntos —él delante, yo detrás— a la orilla del río solitario, durante los atardeceres del estío. Cuando entra a alguna taberna lo aguardo en la puerta y, si sale borracho, lo guío, lo guío a través de los callejones obscuros, tortuosos.

Desdichadamente el alcohol produce en su organismo desastrosos efectos. En vez de tumbarse a dormir, según acostumbran a hacer otros hombres que conozco, se exaspera, se enfurece. Escribe y rasga luego los papeles; golpea los muebles con sus puños; se asoma a la ventana y gime; desgarra las sábanas y lo destroza todo. Yo escapo hacia cualquier refugio, pero él me busca y al encontrarme, se quita el cinto, lo sacude en el aire y, con las fuerzas de que es capaz, comienza a golpearme bárbaramente, despiadadamente, hasta hacerme sangrar por la boca.

—¡Bestia! ¡Bestia! —me grita.

Y yo callo sin moverme, soportando los golpes. Veo chorrear mi sangre y me bebo las lágrimas. No protesto. Ni un gruñido impertinente, ni una sola actitud de rebeldía. Pienso en su rostro tan pálido, en sus pulmones enfermos, en su mirada tan honda, y me digo:

—"Ámalo, ámalo aunque te duelan los golpes".

Y lo amo. ¡Cómo no he de amarlo! Lo amo como a mi propia vida.

Más tarde, sofocado, febril, castañeteando los dientes, se deja caer sobre el catre. Yo salto a su lado y, él, acogiéndome entre sus brazos frágiles, rompe a llorar desesperadamente.

—Mi Teddy, mi pobre Teddy… —me dice.

Entonces moja en agua su pañuelo sucio y me va limpiando, una a una, las heridas. A continuación, quita las mantas del lecho, cubriéndome con ellas.

—¡Duerme! —prorrumpe sollozando—. No soy sino un malvado borracho. ¿Me perdonas?

Por complacerlo únicamente finjo dormir; pero escucho, escucho los poemas que él me ha escrito y que repite a gritos por la buhardilla, secándose las lágrimas con la manga.

Mi amo se está muriendo, y, como soy un perro, no acierto a impedirlo. No puedo secar el sudor de su frente; no puedo espantar la fiebre que lo consume; no puedo aliviar su respiración ahogada; no puedo ofrecerle ni un vaso de agua. ¡Qué silencio más horrendo el de esta noche de diciembre! ¡Qué quietud y qué nieve más espantosas! ¡Qué infamia la vida! Y yo, un perro, un triste ser inútil, incapaz de algo importante.

Si supiera hablar, le diría:

—"Perdóname por haber nacido perro. Perdóname por no poder hacer otra cosa que verte morir. Perdóname. Pero te amo, te amo con un amor como no hay otro sobre la Tierra; como es incapaz de comprender el hombre… el hombre, salvo tú, mi amo. ¡Si supieras las lágrimas que he derramado, viendo el pan duro y la leche agria que almuerzas! ¡Si supieras qué noches de insomnio he pasado bajo tu catre oyéndote toser, toser implacablemente, con esa tos seca y breve que me duele más que todos los golpes sufridos! ¡Si supieras —cuando escapaba de tu lado— cuántas calles he recorrido en busca de un mendrugo, con la esperanza de no quitarte a ti una sola migaja de tu alimento! ¡Si supieras qué enfermo me siento y qué triste! Yo también estoy tísico. Yo también moriré pronto; y si tú mueres, me alegro de hacerlo juntos… ¡Ay! Si tuvieras hijos, mi amo, ellos serían jóvenes y tendrían, a pesar de tu muerte, regocijos mayores que su pesadumbre. Si tuvieras mujer, te olvidaría pronto por otro hombre. Si tuvieras padres, pensarían en sus otros hijos. Si tuvieras amigos, tendrían ellos otros amigos… Tu perro, en cambio, no tiene a nadie sino a ti. Ningunos ojos lo miran, que los tuyos; nadie le sonríe, sino tú; sólo tu calor le alivia; a nadie sigue, sino a ti. Morirás, y él no comerá más, no dormirá más; se entregará a su dolor. ¡Si supieras cómo te amo, te amo!"

Pero no sé hablar. Sólo sé menear la cola y llorar con mis lágrimas estériles. ¿Me permites acariciarte?

Como de costumbre, mi dueño me comprende. Y con esa sensibilidad prodigiosa de poeta y tísico, penetra hasta mis más tenues reflexiones. Me pide ahora, con una voz que escasamente distingo:

—Súbete, Teddy.

Salto y me enrosco junto a él, a sabiendas de que no le inspiro ningún asco. Me espantan, en cambio, sus ojos.

—"Es la muerte" —adivino.

Y lo es.

¡Los perros nunca erramos a este respecto! Nuestra mirada ahonda más allá que la de los hombres. Nuestro olfato es más sutil. Tenemos, por otra parte, un don espléndido: la adivinación. Y así es que descubrimos a la muerte, por mucho que ella se esconda: la presentimos en las tinieblas, encaramada sobre las cercas, bajo los puentes, durante las ferias, en la niebla…

El me dice:

—Tengo frío, Teddy.

Me contraigo aún más y, disimuladamente, esforzándome por no preocuparlo demasiado, le suministro calor con mi aliento. Noto sus manos heladas, flácidas, inmóviles, y evoco esos jardines tan risueños que existen al pie de los palacios y en cuyos macizos crecen altos y frescos los lirios. ¡Pobres manos de poeta! ¡Pobres flores! Pronto, pronto, se cerrarán para siempre.

—Me estoy muriendo —gime.

Respira, con el rostro en alto, y agrega:

—Te quedarás, pues, tan solito…

Señala con gran trabajo la ventana negra. Me oprime el lomo.

—¿Nos volveremos a ver en algún sitio?

Callamos. Cae sobre el tejado la nieve, silba el viento doloridamente, y yo pienso con angustia en todos los perros del universo: en mis camaradas buenos, la mayoría tan melancólicos, abrumados por esta alma nuestra que nos han dado, demasiado grande por cierto para unos miserables seres que no hablan ni escriben.

—Tengo frío —repite el amo—. Es un frío terrible, créeme.

Y luego:

—Cuenta, mi pobre amigo, qué vas a hacer cuando yo esté en el pozo. Dime con quién te irás, en quién piensas ir dejando esa bondad admirable que no te cabe dentro del pecho… Dime a quién vas a mirar con tus ojos verdes, vivos. Dime quién va a ser tu compañero entonces…

Yo lloro, sin reprimirme.

—¿Te irás, quizá, con algún borracho de esos que maltratan a los animales?

Callo.

—¿Te irás, di, y me olvidarás? ¿Te olvidarás de este pobre poeta muerto?

Se endereza y vuelve a caer. Tose, tose y solloza, con sus negros ojos extáticos, perdidos en la última noche. Me aprisiona contra él. Hunde sus uñas en mí. Me hiere. Ya no sabe acariciarme. Ya no comprende el placer, la ternura, el dolor. No comprende nada de lo que comprendía tan bien antes. Va olvidándolo todo, trastornándolo todo, todo menos mi nombre.

—Teddy… Teddy… Teddy…

Y se muere.

Nadie podrá creerme, pero es tan inmensa mi soledad y mi horror en estos momentos ¡que para qué mentir ya!

Yo le cerré los ojos cuidadosamente, sin arañarlo, como si tocara una hostia. Yo le cerré la boca y lo cubrí todo entero con las sábanas. Después, tomando entre mis dientes un haz de flores secas y de versos, se los regué encima así, esparcidos por el catre, igual que una bendita nevada. Hecho esto, huí hacia el rincón más cercano —donde duermo a veces— y rompí a aullar, a aullar con el cuello tieso y el alma hecha pedazos, consumiendo las últimas fuerzas de que dispongo.

Cuando los perros aúllan, sé que los hombres se asustan: no, no hay nada qué temer. Los perros aullamos del mismo modo que los hombres lloran y hacen otras cosas. Es un hecho sin importancia, enteramente natural, y que a nadie atañe, sino a nosotros mismos. Por ejemplo, yo aúllo ahora porque me encuentro solo, porque siento frío aquí dentro y porque me voy a morir muy pronto. En cuanto lleve a mi amo al camposanto.

Nadie, sino yo, asistió al entierro. Nadie, sino yo, lo vió bajar al pozo, desaparecer bajo la tierra suelta… Y lo he dejado allí, metido en un cajón negro, solo, sin una luz ni una manta. Solo, como no debiera dejarse ni a un perro.

—"¡Qué ignominia es la vida! —pienso mientras camino. Y el cementerio queda atrás, coronado por la niebla—. ¡Qué cosa más frágil y cruel! ¡Qué soledad tan pavorosa la de los que se mueren! ¡Qué soledad y negrura las de mi amo! ¡Y cómo amaba la luz, el río, las hojas verdes y luminosas! ¡Cómo temía a la muerte! "

Cierta vez me dijo:

—Quisiera morir en mitad del mar, ahogado de luz y agua.

Como estaba tísico, le horrorizaba esa cosa apretada y dura que es la fosa.

—¿Quién podrá respirar allí, mi buen Teddy?

Pues allí está. Allí, donde lo han echado ahora. Donde la humedad penetra y el sol no. Y sus blancas manos de poeta —sus manos llenas de lágrimas y versos— pronto serán unas impuras raíces, retorcidas como dos culebras. Igual, igual que si jamás hubieran vivido. ;Qué abandono el mío también! ¡Qué oprobio!

Súbitamente, cuando más abstraído caminaba bajo las hojas que caían, pierdo la noción de las cosas y ruedo largo trecho sobre las piedras. No acierto a descifrar nada, ni escucho otra cosa que el batir anhelante de mi corazón contra el pecho: es sólo por esto último que comprendo que no he muerto. Pero, ¿y esa gente? ¿Y esta lluvia que me duele tanto?

Voy abriendo poco a poco los ojos, notando que sólo uno de ellos me sirve; con el otro distingo apenas un manchón rojo y difuso que palpita o gira, formando círculos luminosos… Siento el vientre como una inmensa boca abierta. Veo pies de hombres, de mujeres, de niños descalzos. Una chimenea alta y negra que humea sobre el cielo gris de la tarde. Un carruaje… otro…

Percibo, demasiado remoto:

—Iba por ahí y lo mató aquel carro.

Descubro al asesino, saltando sobre los charcos. Oigo claxons, claxons, claxons. Y, de pronto, un policía que llega, bestial como un gigante, aparta al grupo de curiosos.

—¿Qué ocurre? —indaga muy fríamente.

—Un perro —contesta alguien.

Y el policía, con su bota de tachuelas, me arroja de tres puntapiés a la cuneta.

Como estoy tísico, muero de frío al amanecer.

sábado, 12 de marzo de 2011

Viaje

Vino a mi la idea de un viaje
Hoy quiero irme muy lejos, cerca de todo
menos de aquellos días añorados

Hoy viajaré, hoy iré lejos de mi casa
Las calles vacías y frías me invitan a irme ya
Iré a conocer las caricias de un lugar desconocido

Me invadirá la incertidumbre
¿A dónde voy? ¿para qué? ¿qué haré?
Pero no me detendré, hoy me iré lejos

Mañana no quiero ver la misma habitación al despertar
Mañana no quiero escuchar a las mismas aves cantar
Mañana estaré tan lejos que el camino no podré recordar

Llevo solo mis sueños y mis deseos
Me guían la suerte y la probabilidad
La esperanza es la única que me acompaña

Me voy esta noche, en unos minutos
Platico contigo, pero te siento ausente
Tus muchas palabras no me dicen nada

Te cuento a dónde pienso ir
que no sé qué haré una vez que esté allá
y que llevo conmigo el libro que escribo en ratos

No me dices nada
Te vas así, como yo me iré pronto
Me dejas solo, te dejas sola tú también

Mejor irme de una vez
Un largo viaje que no sabe esperar
me llama a dejar a los fantasmas morir

Me voy, teniéndome sólo a mi mismo
Me espera un lugar con el que he soñado
del cual no sé si volveré.

domingo, 6 de marzo de 2011

Deambulemos

Es el recuerdo de tu voz
el que no me deja de despertar esta noche
fría, amarga, llena de melancolía
Melancolía y agonía

Sueño con tu voz por las mañanas
al levantarme, imagino tus ojos en el cielo
Son la Luna y el viento tu nombre en mis noches
Son tus palabras las que hacen que amanezca

Ahógame otra vez en el lago de los sueños
Llévame de nuevo por la senda de mis memorias abandonadas
Recorramos de vuelta la locura escrita en esos libros
Volvamos a perdernos entre las letras de mis versos

Deambulemos, deambulemos, deambulemos...

Regresemos al momento en que engañaste mis sentidos
Dejemos que nos intoxique de nuevo la paz de la tarde
Dejemos que se consuma la ciudad en este incendio
Escribe en mi piel la más sublime tragedia

Avanzada la noche, me extravío entre pensamientos
En esta lluvia hay algo de ti que me mantiene despierto
En este frío está tu ausencia pero no tu olvido
Deambulo de nuevo por las páginas de mi tristeza

Es tu voz la que me lleva lejos de tan terrible noche
Ríos de agonía y melancolía
Melancolía nacida del recuerdo de tus ojos
Volvamos a perdernos entre las letras de mis versos

domingo, 20 de febrero de 2011

Entrevista a Salvador Dalí


En Twitter, #juayderito ha estado en trending topics desde el día de la entrevista que Joaquín López-Dóriga hizo al actor Anthony Hopkins. Historia que todos ya deben conocer. Bueno, un amigo "retuiteo" el tweet de alguien que decía:
Es gracioso lo de López-Dóriga, pero seguro no recuerdan cuando Zabludovsky le preguntó a Dalí con qué se comía el ADN.
Y adjuntaba un enlace al video de la entrevista en cuestión, en la que el maestro Dalí era entrevistado por el ignorante señor Zabludovsky. Mi admiración por la obra de Dalí es grande y no contuve mis ganas de ver la entrevista. Aquí el video de la primera parte.


Menciona Dalí algo sobre el ADN, algo muy curioso que mi padre y creo que un doctor que me dio clase de Histología ya me habían dicho. "¿Y eso para qué sirve, maestro?", pregunta Zabludovsky. "Para la inmortalidad, entre otras cosas", le contesta Dalí. Eso se me hizo muy curioso, pero no quiero profundizar mucho en ello, ya que creo que tal vez escriba yo mi manera de interpretarlo, que puede ser completamente errónea, y tal vez al final me de cuenta de que en verdad no lo comprendo en absoluto. Simplemente, dejémoslo en que ahora me pregunto si mi padre escuchó eso de Dalí. Lo pudo haber leído o escuchado en cualquier otra parte, pero me interesaría saberlo.

Aquí los enlaces para las demás partes de la entrevista, por si les apetece verla completa. Segunda parte. Tercera parte.

miércoles, 2 de febrero de 2011

San Luis contemporáneo

Vamos, todos sabemos la situación en la que se encuentra el país. En algunas ciudades la violencia ha tenido una mayor presencia, a diferencia de algunas otras en las que aún creemos que hay tranquilidad. Yo tenía a San Luis Potosí en este segundo grupo, a pesar de estar consciente de qué también ha habido balaceras y esas cosas a las que México se está acostumbrando. Tal vez no tan seguido como en otros lugares del país, pero de que ha habido cosas, las ha habido.

Desde el año pasado cambié de parecer. Puede que San Luis no se comparé con ciudades como Ciudad Juárez o Reynosa, pero creo que, por lo menos, ahora me doy cuenta de que no es tan pacífica como antes pensaba.

Hoy tenía clase de Bioquímica, a las 5. Mi facultad está al lado del parque Juan H. Sánchez (conocido también como el "parque de Morales", por encontrarse cerca de dicha colonia), en una de las avenidas principales de la ciudad. Tuve mi clase, salí a las 5:50 aproximadamente y hasta ahí todo normal. Iba saliendo con mis amigos cuando nos detuvo una compañera y nos dijo que nos regresáramos, que no nos iban a dejar salir, que había tiroteo en el parque. Me llegó un mensaje, era mi ma' que me lo confirmaba y me decía que me quedará en la escuela. De todas maneras, no nos iban a dejar salir.

Pasaban los minutos y solo veíamos pasar a las patrullas y a los militares a toda velocidad. Yo me preguntaba cómo le haría para llegar a mi departamento, por el hecho de que está en las inmediaciones del parque y por el riesgo que significaba en esos momentos estar cerca del mismo. No me quedaba más que esperar.

Fueron más o menos 30 minutos hasta que nos dejaron salir. Por si acaso, un amigo me trajo en su coche.

No tengo idea de cómo haya estado el asunto y la verdad es que poco me interesa, pero algo sí se me hace curioso: ayer se manifestaron los universitarios en contra del aumento a la tarifa del transporte urbano, justamente en la misma zona en la que hoy hubo balacera. Mañana se esperaba que los estudiantes volvieran a tomar camiones y parar el tráfico, pero ahora me pregunto que pasará por lo que hoy ocurrió.

Así, amigos, es el San Luis contemporáneo.

jueves, 6 de enero de 2011

Primera del 2011

Siendo ya 2011 les deseo a todos que tengan un buen año, que se sigan esforzando y esas cosas. Nunca me he considerado bueno felicitando gente, más que nada porque me considero de pocas palabras y a veces a las personas pocas palabras les parece que expresa poco. Siempre he creído que pocas palabras sinceras es mejor que muchas palabras vacías.

Y hablando de esas cosas de año nuevo, yo nunca he sido de esas personas que hacen propósitos o que piensan que con el año nuevo viene una "nueva vida" o ya saben, esas cosas. El cambio de año no es la gran cosa, o por lo menos para mi no lo es. Si las cosas cambian tanto para bien como para mal es por uno y no por un maldito número que a fin de cuentas no significa nada.

Ahora bien, ando algo aburrido y casi no he tenido tiempo de leer algo que no tenga que ver con Medicina. También estoy algo harto de leer novelas de ficción, o de cualquier tipo. Tampoco tengo muchas ganas de más libros de filosofía, así que si alguien tiene alguna recomendación de un buen libro, adelante.

Eso me recuerda que ando contento porque recientemente compré una antología de mi poeta favorito: Pablo Neruda. Y eso es lo único que he leído en estos días, poesía de Neruda.

Hablando de cosas que me hacen relativamente feliz, al parecer tendré una semana más de vacaciones, una más de lo previsto. Supongo que será otra semana más de no hacer nada útil, pero bueno, luego ando rogando por descanso.

Hoy es Día de la Enfermera. ¡Felicidades a todas ellas!